Urbanismo contra las epidemias

Esta fue la principal razón del nacimiento del urbanismo moderno en Barcelona. De la mano de Ildefons Cerdà se planificó un nuevo barrio más allá de las murallas que fueron derribadas en 1854 para luchar contra las epidemias que azotaban en el siglo XIX las grandes urbes, cada vez más pobladas y con un grave problema de hacinamiento. Las cuarentenas impuestas en Barcelona para afrontar las enfermedades no habían funcionado, y el desarrollo de la ciencia y la estadística impuso la idea de “una ciudad higiénica y funcional que debía permitir una condición de igualdad entre todos los residentes que la utilizaban”, en palabras del urbanista Joan Busquets.

La Barcelona resiliente salió adelante de estas epidemias periódicas a través del urbanismo. Cerdà, que era ingeniero, pero fue el primero en escribir esta palabra en un texto impreso, implantó un nuevo tejido urbano y estudió las condiciones de vida de los obreros. El arquitecto Vicente Guallart explica que, al pertenecer a la corriente de los socialistas utópicos, estaba muy interesado en mejorar la situación de los trabajadores que vivían en las zonas más deprimidas y en situación de insalubridad, y el estudio lo hizo a través de la estadística. También puso mucha atención en crear una potente infraestructura de alcantarillado y en eliminar los pozos negros, apunta el arquitecto Toni Solanas, miembro del grupo de trabajo Salut i Arquitectura del Col·legi d’Arquitectura de Catalunya (COAC).

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